¿Por qué no hay inmigrantes en las aulas?

Iberoamérica está dando pasos de gigante para abandonar por siempre el subdesarrollo. Los parámetros económicos no dejan lugar a dudas, confirmándose que por primera vez en 25 años –una generación completa- la mayoría de los países del subcontinente ha aumentado su nivel de riqueza, empleo y renta por habitante. Siguiendo las pautas ya conocidas en las etapas de consolidación económica, países como Brasil, Chile y Argentina, pero también Perú o Colombia, requerirán de mano de obra cualificada y de talento universitario para desarrollar sus sociedades.

 

En estos momentos, muchas empresas españolas recuren a Universidades iberoamericanas para importar sus mejores currículos, pero en un horizonte de un cuarto de siglo –no más- los titulados superiores de Iberoamérica no necesitarán emigrar para desarrollar su profesión y proyecto de vida en condiciones saludables.

De este lado del Océano, miles de hijos de inmigrantes iberoamericanos están siendo escolarizados en los niveles básicos educativos, con un índice de fracaso escolar preocupante. Así, el porcentaje de hijos de la inmigración que alcanza la enseñanza superior es –hoy por hoy- insignificante, estadísticamente despreciable.

Autonomías y administraciones locales apoyan fuertemente la escolarización de la primera generación de inmigrantes nacidos en España, pero se abandona a su suerte a aquellos que tienen vocación y talento para alcanzar la Universidad.

Además de garantizarles la igualdad de oportunidades, en tanto ciudadanos españoles, hay dos aspectos sobre los que las distintas administraciones tendrían que reflexionar: primero, que España seguirá siendo por mucho tiempo un país deficitario en talento superior, y, segundo, que existe un riesgo de frustración grupal entre los “nuevos” españoles si en un horizonte razonable estos no logran ascender en la escala social, ocupando puestos directivos y de liderazgo que evidencien una integración sin “numerus clausus”.

 

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