Estados Unidos: Un ecuatoriano dice que sufrió una golpiza por homofobia

elcomercio.com -

Pablo Cisneros tiene una fractura en el hueso óptico, una hernia en la retina del ojo, traumas cerebrales, riesgo de epilepsia y pérdida de visión en el ojo izquierdo. Todo esto tras recibir una paliza por, según él, ser homosexual.

El 24 de junio, la vida el ecuatoriano de 37 años cambió. A las 19:00, después de bajar del metro en Williamsburg, Brooklyn (Nueva York, EE.UU.), para asistir a una fiesta en el marco de la semana de Orgullo GLBTI, fue atacado por ocho desconocidos.

Primero recibió un fuerte golpe en el ojo izquierdo, tan contundente que lo dejó en el suelo. Mientras los atacantes lo seguían golpeando en el pavimento, él perdía poco a poco el conocimiento. Cisneros recuerda los gritos: “vamos, maricón, levántate...”.

Lentamente se incorporó y sin saber lo que pasaba sintió su ojo ensangrentado. “¡Auxilio, me están atacando!”, pudo gritar mientras los desconocidos reían entre ellos para luego alejarse.

Cisneros llamó a la Policía y denunció el ataque detallando su ubicación y situación: precinto 90 de Brooklyn, ensangrentado, con urgencia de ir a un hospital cercano y con agresión verbal y homofóbica. El ecuatoriano se identifica como homosexual desde los 14 años.

La misma noche del ataque ingresó al Hospital Woodhull para residentes del norte de Brooklyn. Según el ecuatoriano, tres agentes del Hate Crime Task Force, una organización creada para trabajar con la información acerca de crímenes de odio, lo visitaron en el hospital, pero no para ayudarlo sino para persuadirlo de que lo ocurrido solo fue un simple asalto. El 26 de junio Cisneros fue dado de alta y, después de superar el dolor y el temor, consiguió un video donde se delata la agresión.

El ecuatoriano comenta que su caso no tuvo la atención debida desde un principio y que en EE.UU. los ataques a homosexuales son “solapados” porque todavía existe homofobia dentro de las instituciones policiales. Piensa que su caso tiene que llegar a ser extremo para que las autoridades actúen, como lo fue el de Matthew Shepard, un estudiante estadounidense que fue torturado y asesinado en 1998 por su condición homosexual. O el del ecuatoriano Marcelo Lucero, asesinado en el 2008 por Jeffrey Conroy, un estadounidense que se encuentra en prisión, pagando una condena de 25 años.

Aunque el Hate Crime Task Force no lo considera un crimen de odio, en el Ecuador la abogada Silvia Buendía afirma que el altercado que sufrió Cisneros sí es un delito de odio penal, ya que fue un acto de agresión físico y verbal contra una persona homosexual.

Hasta el momento, el FBI no ha intervenido pues solo lo hace cuando hay investigaciones federales y, como el Hate Crime Task Force no lo certificó como un delito de odio, el caso no pasó a instancias mayores.

En Estados Unidos, el FBI tiene la autoridad de investigar delitos de odio en instancias donde existe discriminación racial, religiosa, homofóbica, entre otras. En la página web de la organización de seguridad estadounidense, se menciona que aunque el odio en sí no es un delito, amenazar o agredir a una persona o dañar a una propiedad en el nombre de odio sí es un crimen. Las personas responsables por este tipo de delitos son enjuiciadas.

El último Reporte de Estadísticas de Delitos de Odio de 2010 del FBI indica que se han producido 6 628 delitos de odio en Estados Unidos. Dentro del reporte se reveló que el 47,3% de los crímenes de odio fueron motivados por la ‘raza’ de las víctimas (en su mayoría latinos), el 20% por su religión, el 19,3% por su orientación sexual; el 12,8% por su etnia o país de origen y el 0,6% por discapacidades físicas o mentales. Detalla que el 31% de crímenes ocurren cerca de la residencia de la víctima y el 17% en las autopistas, carreteras, callejones o calles.

Cisneros no sabe qué hacer. Sigue atendiéndose en el hospital Woodhull, pero el dinero ya no le alcanza. Hasta el momento ha gastado USD 15 480.

El ecuatoriano es consultor hotelero en Nueva York. Viajó a Estados Unidos en 1995 porque en esos años consideraba que el Ecuador era “notoriamente” homofóbico e intolerante con las personas de diferente orientación sexual.

Punto de vista

Manuel Acosta. Veeduría GLBTI

Un acto de odio evidencia una sociedad inmadura

La comunidad GLBTI da apoyo incondicional a  Cisneros, un homosexual que comparte nuestros ideales y nacionalidad. Estamos dolidos por la agresión, pues el ataque no solo fue por su condición, sino también por ser latino. No debemos esperar que las agresiones deriven en la muerte de una persona para actuar y el caso de Cisneros es otra oportunidad para reivindicar nuestros derechos. Un crimen de odio es detestable en cualquier lugar del mundo y es un acto que evidencia una sociedad inmadura que sigue viviendo con estereotipos y consolidando un sistema erróneamente normativo.

Ayuda en Nueva York

El ecuatoriano está en contacto con organizaciones que ayudan a la comunidad GLBTI y a latinos que residen en Nueva York, Estados Unidos.    

En el sitio web www.wepay.com/donations/hate-crime-victim-on-gay-pride-day-fund, puede ayudar a Pablo Cisneros.

Otras Noticias



Información adicional