Opiniones: La culpa es de la vaca
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- Creado en Lunes, 23 Julio 2012 16:51
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Marlon Puertas - hoy.com.ec -
Esta semana me acordé del súper cuñado. ¿Lo recuerdan ustedes? Era el coronel Villa, el esposo de una de las hermanas de Lucio, que un buen día se le ocurrió subirse a un helicóptero de la Policía para un acto político del partido revolucionario de ese momento, Sociedad Patriótica. ¡El escándalo que se le armó!
Lo más suave que le dijeron fue que era un cuñado caretuco y aprovechador. Y recordé este cartoon justo ahora, por la fallida faena que tuvo el súper primo, don Pedro, en una de las haciendas incautadas por el Gobierno a los banqueros quebradizos. Mi solidaridad: una vez a mí también me arrastró una vaca. ¡Cómo duele, carajo! Pero más que el golpe, me dolió hacer el ridículo frente a una tribuna que esperaba expectante mis ejecutorias, como si por ser mono, mis destrezas debían ser similares a las de Guillermo Albán. Nada que ver. Por lo menos yo no me quebré una pata.
El asunto es que yo no me lancé al ruedo en una hacienda incautada, a lo mucho fue un potrero común y silvestre. Pero en cambio hay gente relacionada de alguna forma con el poder que tiene una facilidad increíble para conseguir de gratis espacios públicos para divertirse y concretar sus sueños.
La súper ñaña, Pierina, se va para Londres, como parte de la delegación oficial de nuestro querido país, cuyos gastos están cubiertos por el Ministerio del Deporte. ¡Lindo! La verdad es que pensé que iba a correr, pero luego me enteré que se va como personal de apoyo para los deportistas que se sacarán el aire por una medalla. ¡Vamos, tú puedes! ¡Si no ganas mi ñaño te enjuicia! ¡No seas looser! ¡Apúrate loco!, deben ser, entre otras, las frases de motivación que la súper ñaña les ha de gritar a nuestros muchachos y muchachas, al filo de cada competencia. De ley que con ese apoyo regresaremos triunfantes, porque revolución que no incluya éxitos deportivos, no es revolución completa.
Ya me acordé del Corchotambién. Hace algún tiempo, cuando sus relaciones con el Machi eran de lo mejor y ambos estaban de acuerdo en que aprobar la ley de Comunicación era pan comido, tuvo la ocasión de viajar con su nieto a Canadá en el avión presidencial. Chévere viaje. Yo también quisiera, aunque me falta el nieto y lo más difícil, el avión presidencial. Lo que no sé es que pasaría ahora, en el caso que el Corcho quisiera repetir su aventura. Parece que las cosas han cambiado, que andan medios resentidos, que la ley de Comunicación se ha convertido en el karma de la revolución y para mí, si es que el Corcho quiere viajar de nuevo, lo mandan en un helicóptero Dhruv, máximo hasta Cuenca, sin pasaje de regreso. Y que agradezca.
Así nomás se manejan las cosas. Con revolución, o sin ella, las cosas no cambian demasiado. Se mezcla lo público con lo privado, la diversión con los temas serios, los viajes oficiales con las aspiraciones personales. Los entiendo. Si no es ahora, cuándo. Todos han hecho lo mismo y lo más importante, esto es apenas una mínima compensación por el inmenso esfuerzo que ellos derrochan en beneficio de la Patria.
