Testimonio: Los recuerdos siguen vivos luego de una década del 11 de septiembre
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- Creado en Domingo, 11 Septiembre 2011 07:43
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Cuando se acerca el 11 de septiembre, las llamadas de los periodistas son frecuentes, todos buscan recordar lo que ocurrió hace 10 años. Aunque la historia siempre es la misma las entrevistas y las fotos no faltan.
Para algunos ya es una costumbre, otros sin embargo se han alejado de esta historia y aseguran que desean olvidarla, y para ello es mejor no recordar esta fecha que les ha causado tanto dolor. Uno de estos casos es el de Narcisa Idrovo, madre de Henry Fernández, oriundo del cantón Biblián, provincia del Cañar.
Telefónicamente la madre aseguró que el tema ya quedó atrás y que ahora prefiere seguir adelante, comentó que no recibió toda la ayuda que el ofrecieron y que mejor no es seguir hablando del tema, al fin y al cabo nada de lo que diga le va a devolver la vida a su hijo.
Recuerdos
Las tías de Henry, quien viajó a los 16 años a EE.UU. y que al momento de su muerte tenía 23, aseguran que su recuerdo siempre estará presente.
Su familia recuerda con tristeza aquel día, cuando los canales de televisión transmitieron sobre el atentado, sabían que su sobrino estaba en el piso 106 de unos de los edificios, las esperanzas de que estuviera con vida eran nulas pues la destrucción era total, creyeron que su cuerpo estaba en cenizas.
Cecilia Idrovo, tía de la víctima, recuerda que el Gobierno de EE.UU. entregó una visa humanitaria para que viaje a la misa en honor a las víctimas. Ahí le entregaron un cofre con cenizas y una bandera de ese país, como un homenaje, pero lo más importante fue que encontraron el cuerpo de su hijo y lo repatriaron. Ahora descansa en el cementerio de Biblián.
De acuerdo a los datos de la Secretaría Nacional del Migrante, 15 ecuatorianos fallecieron en el atentado, la mayoría de la zona Austral, aunque se presume que existen más entre los cadáveres que no fueron identificados y otros simplemente desaparecieron esa fecha.
Muchas de las familias han viajado a los Estados Unidos, algunos para los actos recordatorios, mientras que otros, principalmente padres de las víctimas, a ver a sus nietos o familia que aún permanece en busca del “sueño americano”.
Las historias son similares en Biblián, Sígsig, Paute, Azogues, Cuenca, los recuerdos de los desaparecidos siguen vivos. La muerte de Osama Bin Laden no cambió en nada sus sentimientos, para ellos fue un hecho más a lo largo de una década llena recuerdos.
Las familias y los medios de comunicación
Tras una búsqueda intensa, los medios daban con las familias de las víctimas del 11-S, algunos aún con la esperanza de que sus allegados estén con vida, otros ya resignados por la pérdida.
En las portadas de los diarios, en los titulares de los noticieros fueron el hecho más destacado durante varias semanas. Con el transcurrir de los años, la ayuda prácticamente ha desaparecido.
Uno de estos casos es el de María Robertina Morocho, quien perdió a sus hijos Leonel y Blanca Morocho, oriundos de Sígsig.
Ella viajó en dos ocasiones a los Estados Unidos gracias a una visa entregada por el Gobierno de EE.UU., pero esta ya caducó.
Ahora, sin mayores recursos y sin documentos, aspira a una nueva ayuda para poder visitar a sus nietos, hijos de las víctimas, que están a cargo de unos familiares.
Algunos ya han sido olvidados, otros quieren que no se les recuerde y han dejado atrás lo ocurrido. “El dolor en muy duro, pero no podemos hacer nada, ahora me aferro a mis nietos, que son una parte de mis hijos, algún día estaré con ellos”, dijo Morocho.
El cuencano que se salvó de milagro aún siente dolor
Jorge Alvear había llegado a las 07:30 a su oficina en el piso 92 de la Torre Sur aquel 11 de septiembre del 2001. Una hora y 16 minutos después sintió que el edificio temblaba y pensó que se debía a un sismo o a la explosión de una bomba. Poco después, luego de correr con desesperación por las calles de Manhattan, veía desde el puente de Brooklyn cómo se caía el edificio del que había salido por una decisión providencial: escapar de inmediato por las escaleras de emergencia, algo que sus compañeros no hicieron.
El movimiento que sintió Alvear, un cuencano que se fue a vivir a Estados Unidos en 1989, en realidad se debía a que en la Torre Norte, a la misma altura que estaba su oficina, se había impactado el primer avión del ataque del 11-S contra las Torres Gemelas. Ese día se encontraba en su oficina con otros 20 empleados más.
Alvear estudió geología en Estados Unidos y en el momento de los atentados trabajaba alrededor de un año en la WTC2, como se le conocía a la Torre Sur. Era geólogo en el programa ambiental Raytheon Engineering.
“Cuando el primer avión impactó yo pensé que tal vez fue un temblor o una bomba. Escapé por las escaleras de emergencia”, cuenta Alvear en una comunicación con este Diario a través del servicio de mensajería de Facebook.
Él había bajado por un ascensor hasta el piso 78. Pero ahí ya se había instalado el caos y todos intentaban salir. Por eso decidió bajar por las escaleras de emergencia sin esperar el siguiente ascensor, pues no había uno directo hasta la planta baja.
Cuando llegó abajo, el momento en que salía a la calle, el segundo avión se impactaba entre los pisos 77 y 85, en el mismo sector donde un poco antes le había dejado el ascensor.
“El material de las torres caía a mi alrededor mientras yo trataba de ir a algún lado. (Estaba) completamente desorientado y pensando que ese era el final”, escribe Alvear en su comunicación a través de Internet.
Mientras trataba de protegerse de los materiales que caían de las torres, empezó a correr por las calles para escapar. En esa época sus hijos, ambos de su primer matrimonio, tenían siete años el primero, Juan, y tres la segunda, Athena.
Cuando estaba en el puente de Brooklyn, mientras lo cruzaba, Alvear vio las torres llenas de fuego y la caída del edificio donde se encontraba la oficina en la que había trabajado durante un año y donde todavía estaban algunos de sus compañeros.
Nunca más volvió a Raytheon Engineering. Muchos de sus amigos que no alcanzaron a bajar murieron ese día y eso todavía le duele.
Los ataques del 11-S le impactaron en lo emocional. “Me ha afectado todos estos años, pues es difícil olvidar”, dice el inmigrante cuencano.
Después de ese 11 de septiembre, Alvear trabajó en la sección de Geotecnia del Departamento de Diseño y Construcción de la ciudad de Nueva York, NYCDDC, durante dos años.
Después conoció a una mujer de la ciudad de Erie, Pensilvania. Esa fue la razón por la que dejó Nueva York en el 2003, algo que le ha ayudado a superar lo sucedido en aquella ocasión.
Durante ocho años trabajó en programas de vivienda en la ciudad de Erie. Este momento está sin empleo y descansando. Pero, sobre todo, se encuentra escribiendo un libro sobre su vida como inmigrante.
